La arqueología descubre los análisis con tecnologías avanzadas

History

¿Qué tienen en común los abedules y la Edad del Bronce? ¿Y qué conexión existe entre Babel y la Biblia con el betún? A veces, tesa Análisis responde a preguntas extrañas como estas.

Texto Isabel Überhoff

Como dijo Albert Einstein, en la cuna de la ciencia reside lo misterioso. Explorarlo es su finalidad; la investigación, su arma. Por tanto, además de un gran número de trabajos de análisis internos de laboratorio, tesa Análisis también suele recibir investigaciones externas de institutos científicos, por ejemplo, del campo del estudio de la antigüedad. En casos especiales, el laboratorio ayuda con sus expertos y los equipos más novedosos a descubrir algún que otro secreto, por ejemplo, sobre la legendaria Torre de Babel.

¿La Biblia? ¿Babel? ¡Betún!

La Biblia ha hecho historia literalmente en dos sentidos: por un lado, como obra de referencia cristiana; y, por otro, como testimonio de hechos históricos. La construcción de la Torre de Babel, descrita en el Génesis, fue un acontecimiento que tuvo lugar en la vida real: en 1913 se descubrieron los restos de una impresionante edificación en el territorio de lo que hoy es Iraq. Ningún laboratorio del mundo puede demostrar si la construcción de la torre derivó en la confusión y la división que causan los idiomas. Sin embargo, podemos investigar si se utilizó betún (asfalto) como material de construcción de la edificación, tal y como se describe en el Antiguo Testamento (ver cuadro informativo).

«Resulta realmente asombroso que, hace más de 2500 años, se unieran de manera deliberada mezclas inorgánicas al betún para aumentar claramente el poder adhesivo en la piedra».
Dr. Christian Brinkmann

Gestor del laboratorio de análisis de tesa

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La pequeña muestra de roca del Museo de la Biblia en Münster fue donada por el Dr. Robert Kaldewey, el arqueólogo alemán que descubrió los restos de la torre en 1913.

Un fragmento de uno de los antiguos ladrillos babilónicos del fondo del Museo de la Biblia en Münster arrojaría luz sobre los restos de la sustancia negra que tenía pegada. Se usaron métodos con las más avanzadas tecnologías, como la espectroscopia de infrarrojos, la microtomografía y el microscopio electrónico de barrido, antes de que el Dr. Christian Brinkmann, gerente del laboratorio de análisis de tesa, pudiera confirmar que las instrucciones de construcción de la Biblia tenían sentido: los ladrillos de la enorme torre habían sido unidos, sin lugar a dudas, con betún.

¿De dónde procede el betún?

El betún o brea mineral se forma en largos periodos geológicos debido a la evaporación de las partes con menor punto de ebullición del crudo, por lo que también se llama «asfalto natural». Cuando se calienta, el betún se vuelve moldeable; luego, viscoso; y, finalmente, fino a temperaturas de aproximadamente 150 grados. Después de enfriarse, vuelve a su estado original semisólido. Ya se producía en la antigüedad y, gracias a sus propiedades sellantes y maleables, se usaba con diversos fines artesanales.

En las excavaciones se encontraron restos de varias torres que habían sido levantadas durante el reinado del Rey Nabucodonosor II (siglo VI a. C.). Una de ellas resultó especialmente asombrosa por su superficie de más de 8000 metros cuadrados y una altura probablemente de entre 75 y 90 metros. Para construirla usaron «el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla» (Génesis 11:3). Sin embargo, el betún también tuvo un papel decisivo en otros pasajes bíblicos con al menos la misma importancia. Se dice, por ejemplo, que la madre de Moisés abandonó a su hijo, quien más tarde recibió los Diez Mandamientos, cuando era un bebé en una cesta de junco que ella había calafateado «con asfalto y brea» (Éxodo 2:3), en las orillas del Río Nilo, donde fue encontrado y adoptado por la hija de un faraón. Resulta difícil imaginar lo que le habría ocurrido a Moisés si el betún no hubiera impermeabilizado la cesta. Hablando de ello, según la Biblia, el Arca de Noé también fue sellada con brea por su constructor (Génesis 6:14). En Oriente Medio se sabe que forma parte de la construcción naval desde hace 12 000 años.

Un pegamento multiusos: la brea de abedul

No obstante, tesa también se ocupa de descubrimientos que no hacen referencia a la Biblia. Recientemente ha llegado al laboratorio una daga de la Edad de Piedra procedente del departamento local de arqueología de Schaumburger Landschaft, en la región de Baja Sajonia. El objeto de aproximadamente 4000 años está esperando a ser analizado. «En casos especiales —y si nuestras capacidades lo permiten—, estamos encantados de ofrecer respuestas a este tipo de investigaciones», afirma el Dr. Christian Brinkmann, gestor del laboratorio. 

 

Más profano que sagrado: el descubridor halló la afilada piedra en un suelo arcilloso mientras trabajaba en los cimientos de su casa. La empuñadura no se ha encontrado. ¿Se sujetó con rafia o tiras de cuero? ¿O fue el histórico adhesivo de brea de abedul el que unió la hoja con el mango? Para responder a estas preguntas se necesitan los más modernos equipos y análisis con las más avanzadas tecnologías.  El equipo de Brinkmann ha examinado el hallazgo arqueológico encontrado accidentalmente con instrumentos que permiten realizar análisis químicos ampliándolo hasta 500 000 veces.

La antigua daga de 11 cm de longitud
El antiguo puñal de 11 cm de longitud está siendo examinado en tesa.

Un antiguo testigo de piedra

Los registros revelan que existen residuos de una sustancia orgánica adheridos a la piedra. Su estructura sugiere claramente que era viscosa, por lo que podría ser brea de abedul. «No tendremos más datos hasta que no la analicemos en profundidad y comparemos nuestros resultados con otra muestra de brea de abedul», explica el Dr. Christian Brinkmann. Una cosa sí es segura: cuando se realicen los análisis, la daga volverá a su descubridor, que desea entregarla al museo local.

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El Dr. Christian Brinkmann, gerente del laboratorio de análisis de tesa, evaluando los resultados del microscopio electrónico de barrido.

La savia obtenida de la corteza de abedul es el primer pegamento casero fabricado y usado por el ser humano. La historia de los adhesivos se remonta a aproximadamente 200 000 años, esto es, al Paleolítico. La corteza blanquecina del abedul contiene betulinol, que se extrae como adhesivo calentándolo a entre 340 y 400 grados. No está claro cómo los seres humanos de la Edad de Piedra lo consiguieron exactamente. Puede que enrollando la corteza con fuerza, cubriéndola con ceniza en una depresión del terreno y carbonizándola. Al menos, esto es lo que la ciencia piensa en la actualidad. Los hallazgos arqueológicos demuestran que la brea de abedul fue el pegamento elegido durante decenas de miles de años. Se encontró durante las excavaciones en muchos campamentos y asentamientos del Mesolítico y del Neolítico. Incluso en el Mesolítico se usaba para perforar, reparar o sellar. En varias ocasiones se han hallado restos de brea de abedul con huellas de dientes, por lo que cabe preguntarse si la masa negruzca fue el primer chicle de la humanidad. Dado que el betulinol tiene propiedades antiinflamatorias, pudo haberse usado para la higiene bucal.